"Leo, buena parte de la noche, y voy al sur en invierno". La Tierra Baldía. T. S. Eliot

 

UN VILLANO EN MADRID | No son equiparables

MANUEL MATEO PÉREZ

 

Estos días, a propósito del juicio contra Mas en Barcelona, el diputado Gabriel Rufián ha salido por la televisión equiparando la corrupción de los Pujol con la de Chaves y Griñán. Se lo dijo a varios periodistas con ese modo que tiene de decir las cosas, como aquellos tipos que se creían hace unas décadas que nos robaban las novias apoyados en la barra, las piernas cruzadas y un cubata en las manos, mirando de reojo, guiñando los ojos a las tías y ladeando la cara como Eugenio a punto de soltar: 'Saben aquel que diu', o como narices se escriba. A Rufián, iba diciendo, el juicio contra Mas le parecía político, y cuando el periodista le recordó lo del tres por ciento -asunto que a esas horas aún andaba impreso en los periódicos- el pollo fue y soltó: "¿Y qué me dices de lo de Chaves y Griñán?". A lo que el periodista le respondió: "Pero ninguno de ellos está acusado de amasar una fortuna como esa familia". Rufián replicó entonces: "¿Y yo qué sé cuánto dinero tienen esos dos?". Lo que en realidad Rufián quería decir y no dijo fue algo parecido a esto: 'Sí. Ya sé que son unos hijos de puta: Pero son nuestros hijos de puta. Así que tú ni mentarlos'.

Lo que en Cataluña no dirán jamás es que un solo clan compuesto de padre, madre y unos cuantos vástagos ha sido capaz de palidecer y acomplejar a toda una estructura corrupta urdida en una gran comunidad como Andalucía. Pero lo cierto es que los apellidos Pujol, Chaves y Griñán no son equiparables en nada. A los primeros los peritos policiales encargados de la investigación no tuvieron empacho en calificarlos de estructura criminal por su pericia y cátedra en el latrocinio. Chaves no les llega a los hijos del ex honorable ni a la altura de los zapatos. Y Griñán no se merece, ni por asomo, figurar entre semejantes sinvergüenzas.

Me quiero centrar en este último. Los informes judiciales en su contra aseguran que debió de estar al tanto de las irregularidades en los casos ere y cursos de formación. De lo contrario, opinan, no se habría llegado tan lejos. Eso, en todo caso, tendrá que ser demostrado en sala judicial, durante un juicio y con una sentencia de por medio. Leí hace tiempo una carta que su hijo dirigió a todo aquel que deseara leerla. Y creo que más allá de su proximidad filial estaba en lo cierto cuando defendía la honradez de su padre. Griñán heredó las irregularidades cometidas durante el gobierno de Chaves y es posible que pecara a) de indolente en la vigilancia que como máximo responsable autonómico se le presuponía y b) de cándido en el nombramiento de consejeros a los que habría que pedirles mayores responsabilidades. Pero sin haber cruzado con él una maldita palabra tengo para mi que es un hombre honorable e inocente. Tampoco albergo dudas -eso sí lo supe por terceras personas- de los malos tiempos por los que están pasando él y los suyos (ha de ser jodidamente duro). Quizá por todo esto hay algo que lamento y me apena, como el deseo de que el tiempo pase por ellos rápido, se diluciden las responsabilidades y las heridas -de ser limpias- cicatricen cuanto antes.

No me pregunten por qué. Pero entre la chulería, el acento gangoso, el párpado medio caído del ex presidente de la Generalidad y la robustez intelectual y la timidez del gobernante prudente (e incauto) que caracterizó a Griñán me quedo con lo segundo. Sin dudarlo un instante.

 

Enlace con la noticia en EL MUNDO de Andalucía http://www.elmundo.es/andalucia/2017/02/10/589d86a3268e3e2d428b466a.html

 

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